Ahora mismo casi no me quedan palabras, es uno de esos momentos en los que la tristeza te oprime el corazón y yo la estoy dejando pasar para que no se me escape. Porque ahora se que no puedo huir del dolor, que es mejor sentirlo como lo estoy sintiendo, que acabará pasando.
Hoy finalmente y con casi 13 años mi perro Chico ha muerto. Sabíamos que a esa edad cualquiera podía ser el momento pero...nadie estábamos preparados. Ha sido como cuando un humano esta enfermo y de repente mejora para morir días después. El estaba feliz en el pueblo, al menos sus últimos días los ha pasado en semi-libertad, correteando aquí y allá como siempre, pero al final el cansancio venció a sus pulmones y a su corazón. Al final paso...lo que tenía que pasar.
Lo primero nunca se olvida, y se que jamas olvidare a mi primer perro.
"Eran tiempos difíciles, en los que aun más que ahora, pasaba más tiempo en las nubes que en la realidad. Era una necesidad para una niña que deseaba escapar de una realidad agobiante e injusta, una vida que no entendía, un mundo confuso y terrorífico en el que no quería vivir.
Me habían arrebatado aquello que más quería, a quien más necesitaba, y me sentía sola, mientras la carga de unos años grises, de los que solo recuerdo el dolor y la esperanza como las únicas cosas que aun me pertenecían, se iba quedando sobre mis hombros. Y es que la soledad y el desprecio hacían que para sobrevivir necesitase soñar...y esperar...
Lo que no sabía por entonces era que lo que se avecinaba seguiría siendo difícil, que se acercaba la hora de los cambios, que todos esos años en los que había permanecido estática y anclada al pasado ya debían pasar...
Y habían pasado 4 años desde que murió, con lo que mi familia debía transformarse inexorablemente, ya no seríamos tres, ya que íbamos a ser cuatro. Intenté entenderlo, yo sabía que mi madre debía rehacer su vida, sin embargo mi corazón se resistía a dejar todo atrás. Aun no estaba lista, y tardaría años en estarlo, pero la vida siempre intentaba meterme prisa, y había estado demasiado tiempo huyendo de ese monstruo que era el mundo real, e inevitablemente, había llegado el momento de enfrentarme a él.
En el colegio era, si cabe, aun peor. Aunque tenía algunas amigas, sentía día tras día que no encajaba, que no sabía como ser parte del mundo. De lo que no era consciente era de que yo misma me aislaba, porque tenía miedo, una fobia irracional a sufrir, a ser dañada, a llorar y a tener ganas de terminar con todo, sobre todo a perder la esperanza. Siempre había sido tímida, diferente, y en esos años mi timidez extrema era una manifestación más de ese terror extremo que me llenaba el cuerpo y no me dejaba respirar. Ser diferente es algo que con los años aprendí a ver como algo bueno,pero en la pre adolescencia es algo que no se lleva bien, y yo me veía obligada a escuchar, día tras día, mientras el miedo me paralizaba, los insultos, los apodos, las burlas y las risas histriónicas y aterradoras de mis compañeros.
Pero no todos los cambios son malos, y hubo uno que hizo despertar mi alma para siempre. En esos momentos fue como abrir ventanas que habían estado cerradas muchos años.
Mi nuevo padrastro resulto ser un buen hombre, aunque yo por entonces no le viera así. Fue difícil congeniar con él, y tarde muchos años en llegar a aceptarle como es, a quererle, a aprender que debía, por encima de todo, respetar los deseos de mi madre, porque esa era su vida. Pero entonces, sin saber lo que realmente me estaba regalando, él consiguió convencer a mi madre para adoptar un cachorro. Un amigo suyo de un pueblo de Madrid al que solíamos ir todos los domingos, ¡tenía una perra que dentro de poco tendría perritos! Desde ese momento, no paré de imaginar comos sería "Chico". El nombre se lo puso mi madre en recuerdo a un perro que tuvo cuando de pequeña vivió en Brasil.
Por mucho que imaginase no podía parecerse nada a lo que vi un domingo, día 19 de septiembre de 1995. En el pueblo, mientras desayunábamos en el bar, nos dijeron que la perra había parido aquella misma madrugada, ¡y que podíamos verlos! A mi hermana y a mí se nos iluminó la mirada, y más cuando llegamos a la casa y nos encontramos a un chaval sacando los cachorros para que los viéramos, y cogiéndoles mientras les daba la vuelta para dividirlos en hembras y machos. El único requisito que mi madre había puesto era que debía ser un macho. En total eran 23, nada más y nada menos, y fueron varios machos los que quedaron para elegir. Mi hermana y yo debíamos tomar la decisión. Los había negros, marrones, canela, a manchas...y eran pequeños y adorables, aun ciegos. Emitían una especie de quejidos junto con unos leves temblores, y eso hacía que dieran ganas de cogerlos, acunarlos y llevarlos todos a casa. El tacto era suave, su madre los había lavado a conciencia y estaban brillantes. Tanto mi hermana como yo estuvimos de acuerdo en que nos gustaban los de manchas blancas y negras, de modo que solo dos eran los finalistas. Entre los dos, uno era especialmente activo y parecía mas gordo, se echaba encima de sus hermanos como si quisiera llamar la atención, y algunas partes de su cara y las cejas eran marrones, sus manchas eran más irregulares, más llamativas, era diferente a sus hermanos, era especial y eso le hizo ser el elegido. Cuando lo cogí por primera vez pude sentir una inmensa alegría, como si estuviera soltando un gran lastre, sentí ilusión e impaciencia por tenerle en casa, un increíble instinto de protección y la satisfacción que causa el ver (por fin) un sueño cumplido.
El mes que pasó hasta que le llevamos a casa se me hizo interminable. Durante la semana deseaba que llegase el fin de semana para verle, para jugar con él, acariciarle, para reir y disfrutar. La primera vez que le vi con los ojos abiertos sentí que algo muy grande nos unía, que su mirada era increíblemente humana. Empece a ver la vida con otros ojos, a ir recuperando poco a poco la alegría, y entonces me di cuenta de que la vida te da una de cal y otra de arena, que no todo es malo, que no hay luz sin oscuridad. Tenía trece años, pero me sentía como si viera de nuevo el mundo, como si todo cobrase nuevo significado, nuevo rumbo.
Desde el momento que Chico llegó a casa, fue el más mimado. Para mi hermana era un compañero de juegos, incansable y divertido,. Para mí, suponía la diferencia entre la tristeza y la alegría, la muerte y la vida, un amigo que siempre se alegraba de verme, que hacía que cuando entraba en casa aguantándome las lágrimas después del colegio, sonriera y todo lo malo perdiera su importancia.
Para mí siguieron siendo años difíciles, yo aun no lo sabía, pero tenía demasiados problemas para poder arreglarlos yo sola, y pasados cinco años decidí pedir ayuda y un especialista me ayudó a curar. Durante ese tiempo, y el que siguió después con alguna que otra recaída, Chico siempre ha estado conmigo, en los buenos y malos momentos, me ha hecho recordar el valor de la sonrisa que ahora luzco permanentemente en mi cara, me ha hecho sentir querida, valorada, necesitada, importante y por lo tanto valiosa para este mundo.
Ya hace 3 años que estoy completamente recuperada, y si soy feliz ha sido en parte gracias a la ayuda que en los años más difíciles me prestó mi mejor amigo, al que hemos estado a punto de perder en varias ocasiones. Una, cuando un jabalí estuvo a punto de seccionarle la yugular, otra cuando se deshidrató accidentalmente por un descuido, y otra, hace dos años, cuando ya contaba con 10 años y pensábamos que no iba a salir...por una anemia hemolítica por agotamiento.
Pero aquí sigue como siempre, acompañándonos en lo bueno y en lo malo, alegrándose de vernos y con muchas ganas de jugar. Todos dicen que no aparenta los años que tiene, y yo me siento orgullosa de su espíritu joven y libre, de su pachorra, de sus canas, de su barriguilla, de su gran afán de supervivencia, de su fortaleza interior, y de su eterna alegría y dedicación.
Hoy cumple 12 años. Todos en la familia hemos crecido, evolucionado, hemos aprendido a convivir y a respetarnos. Y Chico ha sido, es, y será uno de los lazos más importantes que nos mantiene unidos.
Aquel que fue un soplo de frescura se ha convertido en mi compañero de camino, y espero que aun queden muchos años para disfrutar con él, porque cuando se vaya quiero que sea habiéndole devuelto todo lo que me ha dado, y eso...es tanto que ni en mil vidas le podría reponer.
Muchas gracias."Y esa es su historia y la mía, la de una niña asustada que aprendió a sonreír gracias a él, la de un amigo, casi un hermano...
Estés donde estés, solo quiero decirte que muchas gracias por todo, que llegaste aquí y todo lo cambiaste con tu alegría, que tu cariño incondicional supuso la diferencia, que jamás y como he dicho antes, no tendría vidas suficientes para devolverte todo lo que has hecho por mi y por todos. Han sido casi 13 años, has aguantado mucho, has sido un superviviente y comprendo que estabas cansado ya y que ha llegado el momento. No le echo la culpa a nadie, no estoy enfadada, solo estoy triste porque tu mirada ya no estará aquí, porque ya no podre volver a darte un beso de buenas noches, porque pos ley tu cuerpo sera incinerado y a mi...a mi me encantaría haberte podido hacer un funeral.
Me encantaría haber dicho frente a tu cuerpo inerte todo lo que siento, me encantaría haberte achuchado una ultima vez, haberme despedido...todos os vais sin despediros...
Hoy, 24 de agosto de 2008 en Tabanera de Valdavia, Palencia, ha muerto Chico.
Ha muerto tumbado en la hierba, después de una ultima vuelta, una ultima caminata...
Definitivamente se ha cerrado una etapa. Que seas muy feliz allá donde estés y allá donde vayas, no te olvidaremos.
Este vídeo lo hice en su cumpleaños el año pasado. Si pudiera haría mas, pero no puedo, el dolor ahora no me deja casi ni pensar. Este es tu ultimo homenaje, gracias por ser siempre...ni mejor amigo.








